CUCU TRAS



Casa nueva, vida nueva

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Ahora que voy a cambiar de casa, que el trabajo parece que se ha estabilizado un poco y paso a tener horarios humanos (no de 11.00h a 23.00h...) quiero reconstruir un poco mi ocio, que había quedado reducido al mínimo. Espero, a partir de ahora, frecuentar más:

- La Casa Encendida: sobre todo para sacar películas e ir al ciclo de Kiarostami/Erice, recomendado por un amigo.

- La Filmoteca Nacional: ponen películas estupendas por cuatro perras.

Como casi siempre, a este tipo de cosas, iré solo. Quien quiera puede apuntarse.

Y poco más. Mis planes están mermados por mi mísera economía. Más aún cuando quiero ahorrar para hacerme con Él.

P.D: gracias a Elena por esa bonita chapa de moderno que reza "Hijo de puta". Hay que decirlo más.


El barrio

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Estoy tan contento de volver al barrio (del que nunca debí haber salido) que no sé si reir o llorar. En cierto modo me ha venido bien el fracaso del cambio de piso, ya que ahora le doy más importancia al lugar en el que voy a vivir. Otra vez rodeado de modernos (auténticos y falsos), de bares de moda, de tugurios, de tiendas de ropa, de ruido, de botellones, de fiestas, en fin, de todo lo que hace que valga la pena vivir en Madrid.


Lo último

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Lo último que escucho:

- Number Girl: esto dicen de ellos por ahí: Number Girl is the Name Among Names in Japanese indie rock. The band stormed their way to the top of the scene in seven short years (only four of which were spent in Tokyo), then disappeared just as quickly as they arrived. Para mí son una mezcla entre Bloc Party, At The Drive-in y The Delgados, pero en japonés, claro. BIO

- The Avalanches: realmente sólo he escuchado dos canciones, en cuanto pueda me bajaré algo. En la radio oí que tienen el récord Guinness por haber usado más samplers en un álbum (Since I left you). WEB


TIKI TAKA!

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Aporten sus ideas para una nueva camiseta. Esta es la mía.


Mirando al mar

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Mirando al mar - Jorge Sepúlveda

Bajo el palio de la luz crepuscular
cuando el cielo va perdiendo su color
quedo a solas con las olas espumosas
que me mandan su rumor

Ni un lejano barquichuelo que mirar
Ni una blanca gaviota sobre el mar
yo tan sólo recordando la aventura que se fue
la aventura que en sus brazos amorosos disfruté
bajo el palio sonrosado de la luz crepuscular

Mirando al mar soñé que estabas junto a mí
Mirando al mar yo no sé que sentí
que acordándome de ti, lloré
La dicha que perdí
yo sé que ha de tornar
y sé que ha de volver a mí
cuando yo esté mirando al mar

Bajo el palio de la luz crepuscular
cuando el cielo va perdiendo su color

Mirando al mar soñé que estabas junto a mí
Mirando al mar yo no sé que sentí
que acordándome de ti, lloré
La dicha que perdí

yo sé que ha de tornar
y sé que ha de volver a mí
cuando yo esté mirando al mar

(Sí, los tanques tienen sentimientos)

Para el que no conozca la canción (es un superclásico del folklore español) sale en El Milagro de P. Tinto, cuando Joselito (creo) sale vestido de Bibendum (el muñeco de Michelin).

...

Crédito: Atef Safadi (EFE). Unos tanques israelíes aparcados junto a la costa en la parte israelí de la frontera con Gaza, cerca de la localidad de Beit Lahia.



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Aprovechando que (¡por fin!) tengo dos días libres seguidos, actualizo esto de verdad. Después de las 10 horas que me pego al día delante de In Design, no me queda tiempo para mucho. Incluso he llegado al punto en el que empiezas a soñar con lo que haces de día, pero de manera cuasi-consciente, moviendo objetos en la pantalla e intentando resolver problemas. No está mal, ya que es como saltarse la intermediación del cuerpo y conectar directamente el cerebro al ordenador, pero tiene dos inconvenientes: a) No descansas realmente y te levantas igual de cansado y b) normalmente no te acuerdas de casi nada al despertar.
Así que me dedico a lo de casi siempre para intentar dormir de verdad: escuchar la radio y leer. Está muy bien que los amigos del suplemento de cultura nos regalen los libros que les mandan las editoriales para reseñar. Decenas y decenas a la semana, de todo tipo y siempre novedades. Ahora estoy con una biografía de Magallanes y uno de historia de las ciudades del mundo. La portada del de Magallanes es muy fea, así que la forraré con algo.
Lo último que he terminado es Planeta Champú, del supremo Douglas Coupland. He visto por ahí que es su peor libro, y puede que sea verdad. Bastante peor que Generación X y Microsiervos, aunque tiene muchas cosas salvables. Sobre todo ideas sueltas, citas y pensamientos. La historia no está demasiado desarrollada y apenas se ahonda en algún aspecto. Pero merece la pena leerlo. Enseguida me pondré con otra cosa de Coupland, en cuanto me quiten la sanción de la biblioteca.

P.D: ilustración de Alex Serna, de Blank Paper.


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Esto no ha terminado. Pese a estar aplastado por una montaña de trabajo, imbuido en un cojo-proyecto y víctima de bullying doméstico, el Ejército rojo no está ni cautivo ni desarmado. Volveré.


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